julio 24, 2021

El Zota Estación Biológica

Somos una estación biológica localizada en Costa Rica, contamos con senderos de longitud de hasta 50 kilómetros para avistamiento de aves, anfibios y mamíferos, tour en bote, hospedaje y actividades de MTB.

 

Las aves siempre han estado ahí.

Es lo primero que escuchas en las mañanas cuando despiertas. Ellas despiertan contigo. Las aves están en todas partes, en cada uno de los países o continentes, desde el océano hasta la montaña más alta. Porque son un símbolo de libertad deben de estar en todo el mundo, ¿no?

Comencé a prestarle atención a las aves cuando obtuve mi primera cámara. Buscando cualquier cosa para fotografiar, usé el máximo del zoom del lente y accidentalmente encuadré un peculiar pájaro que nuca había visto. Era del tamaño de mi mano, gordito, verde con su panza roja brillante. Pensé: un ave tan grande y llamativa, ¿Cómo nunca la había notado? Pero la cosa es que nunca miraba hacia arriba, los árboles solo eran árboles, entonces ¿para que prestarles atención? Pero esta vez, vi un ave de muy cerca desde el visor de mi cámara y me sentí emocionado. Presioné el botón del obturador y tomé la foto, corrí y tomé con mis manos una vieja guía de aves que  guardamos por ahí y busqué esa ave como quien quien está a punto de solucionar un crimen. Era el trogon massena. Noté que en esa misma página había una variedad de aves multicolor incluyendo el famoso quetzal resplandeciente, el cual descubrí que era familia del ave recién descubierta.

Era un espectáculo de primera clase. Yo con mi cámara éramos el único espectador… me convertí en un observador de aves.

Me encontraba ahora mirando siempre por la ventana, tratando de identificar el mínimo movimiento entre la maleza. Después de clases, me iba a perder al bosque, yo y nadie más. Nunca me sentía sólo, porque los aleteos, los pleitos y los cantos me distraían de la soledad, no había tiempo de pensar en eso. Algunas aves comían semillas de un gran ceiba a la altura, otros cazaban insectos desde el aire. Era un espectáculo de primera clase. Yo con mi cámara, éramos el único espectador… me convertí en un observador de aves.

Poco a poco fui descubriendo que un observador de aves no es solo lo que la palabra describe (birdwatching en inglés) es también una manera de ver las cosas, de percatarse de lo “invisible”. Se trata de prestar atención a los detalles de nuestros alrededor. Es entender y admirar -porque lo estás viviendo- las venas latentes de los ecosistemas; una perfecta simbiosis de la que estás siendo parte.

Aunque no guarde mucho tiempo para las aves en estos días como lo hacía cuando descubrí la fotografía, cuando sea que veo algo moverse entre las ramas de los árboles de la ciudad, o volando lejos en el cielo, presto el mayor de mi atención por identificarla, observar su hábito… y de alguna manera eso me trae una gran plenitud.

En estos tiempos de crisis ambientales y desconcierto, la observación de aves puede convertirse en una nueva forma de dar alivio a una sociedad cansada y abrumada por egoísmo y los conflictos. Al final de cuentas, nadie puede negar la libertad inspiradora de las aves… ni la nuestra.

Como mi madre dijo una vez:

“No puedo imaginar el paraíso sin aves”.

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