septiembre 17, 2021

El Zota Estación Biológica

Somos una estación biológica localizada en Costa Rica, contamos con senderos de longitud de hasta 50 kilómetros para avistamiento de aves, anfibios y mamíferos, tour en bote, hospedaje y actividades de MTB.

Al anochecer

las flores se preparan para los murciélagos. Primero, el pétalo superior de color verdoso que cierra la flor (denominado estandar­te) se abre poco a poco en vertical y queda erguido a modo de faro. Debajo, dos diminutos pétalos laterales se abren como unas alas, dejando accesible el interior de la flor. De esta abertura emana un ligero olor a ajo, una señal de larga distancia… Los murciélagos utilizan el sonido de alta frecuencia como una herramienta. Con sus cuerdas vocales, emiten chillidos breves y veloces a través de las narinas o la boca, generando unas ondas sonoras que, al rebotar contra objetos cercanos, sus sensibles oídos son capaces de interpretar. Procesan esa información de forma rápida y continua, lo que les permite ajustar su rumbo en pleno vuelo mientras persiguen un mosquito o vuelan a toda velocidad entre los árboles.

La mayoría de los murciélagos se alimentan de insectos, y a menudo emiten sonidos potentes y de gran alcance con cada movimiento ascendente de las alas. Los nectarívoros producen un sonido tenue, aunque muy sofisticado, que los científicos llaman de frecuencia modulada. Esta clase de sonidos priorizan los detalles por encima de la distancia. Más efectivos dentro de un radio de unos cuatro metros, devuelven información precisa sobre el tamaño, la forma, la ubicación, la textura, el ángulo y la profundidad del objetivo, así como otras características que solo los murciélagos nectarívoros son capaces de interpretar.

De noche, la forma cóncava de esos pétalos-faro funciona como un espejo: recibe los sonidos del murciélago y rebota la información de manera clara y diáfana. Con los ojos, las orejas y la hoja nasal apuntando directamente a ese pétalo, el mamífero volador se lanza veloz a la flor para fundirse con ella en un abrazo.
El acoplamiento es perfecto. El murciélago introduce la cabeza en la abertura, engancha los pulgares en la base del pétalo-faro, pliega la cola y levanta rápidamente los pies. Sujetándose en lo alto de la flor, introduce el hocico en la hendidura de la cual emana el olor a ajo. Su larga lengua dispara un interruptor oculto que abre la quilla de la flor. Mientras lame el néctar, las anteras emergen de la quilla y rocían con polen dorado el diminuto trasero del animal.
¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! Diez flores detonadas y vaciadas de su néctar, y los murciélagos desaparecen. Su rápido metabolismo y exigua dieta de agua azucarada no les permite perder el tiempo. Deben visitar varios cientos de flores cada noche.

El murciélago nectarívoro ha evolucionado en una especie de alianza beneficiosa con ciertas familias de plantas con flores, una relación que los biólogos denominan quiropterofilia: de quirópteros, orden al que pertenecen los murciélagos, y philia, «amor» en griego. Pero la suya no es una historia de amor. Las razones de esta relación son los principios fundamentales de la vida: la supervivencia y la reproducción.
El intercambio de néctar por polinización es una transacción delicada que presenta un dilema para la planta. Conviene que sea parca con su néctar para que el murciélago visite otras flores. Pero si es demasiado tacaña, el animal dejará de ofrecerle sus servicios. En el transcurso de los milenios, las plantas polinizadas por murciélagos han desarrollado una solución ingeniosa: evitan el problema de la cantidad de néctar (además de la calidad) facilitando la tarea a sus polinizadores. Así, las plantas de floración nocturna están siempre en lugares expuestos al paso de los murciélagos y lejos de los escondites de depredadores arbóreos como las serpientes arborícolas y las zarigüeyas. Realzan el aroma de sus flores con compuestos de azufre, que son percibidos a larga distancia y resultan irresistibles para los murciélagos nectarívoros. (Aunque no para los humanos: el olor de estas plantas se ha descrito como repugnante, similar al de la col, el ajo, la leche agria, la orina, las emanaciones de la mofeta, e incluso al de un cadáver.) Mucuna y otras plantas en particular van un paso más allá. Sus flores adoptan formas concretas para que los murciélagos las encuentren mediante ecolocación.

¿Por qué se esfuerzan las plantas en atraer y recompensar a los murciélagos? Es porque son unos polinizadores sumamente efectivos. Un estudio de 2010 del ecólogo evolutivo Nathan Muchhala, de la Universidad de Missou­ri-Saint Louis, que comparaba colibríes y murciélagos nectarívoros de Ecuador, determinó que, de media, los murciélagos distribuyen una cantidad de granos de polen diez veces superior que sus equivalentes aviares. Y que transportan esa carga a largas distancias. Se cree que los co­­libríes entregan el polen en un radio de unos 200 metros. Leptonycteris curasoae, el murciélago nectarívoro que transporta el polen a mayor distancia, busca comida en un radio de hasta 50 kilómetros de su dormidero. Para las plantas de los bosques tropicales, que a menudo están dispersas dada su baja densidad, la amplia área de acción del murciélago es muy beneficiosa. Esta polinización a larga distancia es cada vez más importante a medida que los bosques se fragmentan debido a la deforestación.
En la década de 1790, el biólogo italiano Lazzaro Spallanzani fue ridiculizado por sugerir que los murciélagos usan el oído para ver en la oscuridad. A finales de la década de 1930, los científicos descubrieron cómo lo hacen. Hoy, 75 años más tarde, sabemos que como complemento a la capacidad de los murciélagos de «ver» a través del sonido, las plantas han adaptado sus flores para ser «oídas», volviéndose tan obvias para el oído del murciélago como las coloridas flores diurnas para la vista de sus polinizadores. En interacciones tan complejas como esta se revela la magia más profunda de la naturaleza.

(Artículo por Susan McGrath, fotos por Merlin D. Tuttle)

Actualmente en El Zota tenemos registro de la flor Marcgravia evenia, la cual posee un corte transversal en la hoja, para regresar el sonido hacia el murciélago. 
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